martes, 24 de junio de 2014

Los sentimientos ocultos




A menudo nos dejamos arrastrar por la corriente de la opinión favorable del ambiente que nos rodea: amigos, familia, allegados, vecinos, compañeros e intereses en el trabajo... En fin, un largo etcétera de condicionantes y de presiones que suman y dirigen nuestro comportamiento normalmente hacia una determinada dirección. 
Nos cuesta el reconocerlo, pero nuestras decisiones y actitudes están demasiado marcadas por estos condicionantes, haciendo muchas veces que las decisiones tomadas por nosotros sean más los sentimientos y deseos de otros que los de nosotros mismos. Pocas personas verán que reconozcan esta realidad social, ellos les dirán que no, que ellos toman siempre sus decisiones porque así lo quisieron y les dio la gana. Todos sabemos que esto no es normalmente cierto, pero no vamos a discutir por ello. Es muchas veces mejor atender a los hechos que a lo que las personas quieren decir sobre ellos.
Sin embargo, hay veces, aunque sean pocas, en que sí nos ponemos serios en este tema, sí defendemos y mantenemos nuestra postura y decisión frente al entorno y presión social.
¿Quién no ha sentido algo especial por una persona si no prohibida, no recomendada por nuestro entorno? La madre separada con hijos y bastante mayor que nosotros, nuestra jefa en el trabajo, la estudiante que viene a nuestras clases, la novia de aquel amigo, nuestra cliente en el trabajo...
Sí, hablo de algo especial, no de algo pasajero y caprichoso, hablo de cuando brota el amor, cuando pensamos día sí y día también en esa persona, cuando la miramos y altera nuestro estado, cuando al cruzar las miradas comienza la complicidad furtiva.
¿Y qué ocurre? 
Lo que paredes silenciosas de habitaciones ocultas no cuentan, lo que árboles de bellos bosques guardan para sí, lo que los rayos del sol y la arena del mar iluminaron y acariciaron y nunca se atrevieron a mostrar.

martes, 29 de abril de 2014

Los tiempos del amor

¿Mejoran los hombres con el tiempo o no?

¿Cómo saber los tiempos del amor?
¿Cómo controlar sus tiempos?
¿Cómo saber si es el momento o si es demasiado temprano o ya demasiado tarde?
Los tiempos del amor los enseña el mismo tiempo, que aprende de la observación de la experiencia, de los pocos aciertos y de los muchos desaciertos.
Cuando uno ya tiene años tiene el conocimiento y la serenidad para actuar en los tiempos del amor, pero los tiempos del amor a esa edad son más escasos, se pasó en buena medida el tiempo.
Cuando uno es joven tiene la ilusión y belleza que empujan al amor, pero carece de la experiencia que sabe dirigir y encauzar al amor.
¿Contradicción o realidad de la vida?
Cuando se es joven se tiene ímpetu, pero falta la sabiduría.
Cuando se es mayor se alcanza la sabiduría, pero falta la ilusión de la juventud.
El amor, como la misma vida, tiene sus tiempos, entendámoslos, aunque muchas veces no sean fáciles de entender y menos de aceptar.
Y como en todo, hay variabilidad, hay diferencias, las hay en los tiempos del amor para los hombres y las mujeres. 
Las mujeres, más precoces, también comienzan antes a perder su atractivo, por contra, los hombres, normalmente tienden a ganarlo.

domingo, 20 de abril de 2014

Si el amor me elude, ¿le debo eludir a él?



Pues como él, el amor, me eludía, yo también, del mismo modo, hice lo propio, eludirle a él.
Si antes las cosas estaban bastante mal, no fueron a mejor, sino que fueron todavía a peor.
Es fácil deslizarse por la pendiente abajo de la desesperanza, la dejadez y de incluso la cobardía. Una vez tocado fondo, aunque uno nunca sabe si eso es el fondo del todo, es cómodo asentarse en este reino del lodo y de la desazón, pues aparentemente es más sencillo hacerlo mal que hacerlo bien y no poner remedio a ello, aunque esto último no sea del todo cierto.
Si cerramos nuestras ventanas a la radiante y hermosa luz del sol y nos creamos una noche artificial, tan innecesaria como inoportuna, pues el día y la noche tienen sus tiempos, tiempos que debemos respetar y no forzar, habremos comenzado a dejar de vivir y eso es ciertamente lo peor que podemos llegar a conseguir.
No seamos, como se expresa en Romeo y Julieta, secretarios de nuestros sentimientos.
 Tan apartados de sondeo y descubrimiento, tan reservados y cerrados para con nosotros mismos.

Tan apartados de sondeo y descubrimiento como el capullo mordido por un envidioso gusano, antes que pueda extender al aire sus dulces hojas, o consagrar su belleza al sol.

.

miércoles, 2 de abril de 2014

El lado no romántico de algunas mujeres



Como la naturaleza de ciertas mujeres es especialmente voluble, no lo iban a ser menos sus sentimientos y sus deseos carnales.
Así, Marga soñaba con experiencias donde los hombres la tratasen sin respeto, sin ningún tipo de cuidado o miramiento. Quería simple y llanamente que la poseyesen, que la usasen, sin cariño, sin palabras de amor, con dureza y sin sensiblería o tacto alguno.
Y efectivamente de ese modo ocurrió.
Cuando pones un trapo tan fácil  lo más normal es que este sea zaherido,  y en último lugar desechado e incluso maldecido.

- Dame, dame, dame...

Y le dieron, vaya que si le dieron, no uno, ni dos, sino muchos, demasiados.
Las aventuras, cuando son demasiado locas, suelen acabar mal.
Y como sin respeto pidió ser tratada, sin respeto fue considerada. 
Los hombres, cuya fama es de que no tienen los sentimientos de una mujer, aunque esto esté bien lejos de la realidad, dan finalmente a cada cual lo que se merece. Pues valoran a las mujeres, como valoran a los hombres, por lo que ellas mismas se valoran  en sí. Y si la mujer no se valora, o considera que puede usar a otros a su capricho jugando con sus sentimientos para disfrute propio, entonces finalmente los hombres tomarán su revancha, y usarán a esta mujer como un objeto. La humillarán, como ella mismo dio pie a ser humillada, y, finalmente, la despreciarán y la abandonarán.

jueves, 27 de marzo de 2014

Una declaración inesperada


Pedro se sentía no tanto abatido o hundido, pues por esos trances ya había antes pasado, sino profundamente decepcionado y desilusionado. Veía que aquella mujer a la que quería pasaría por su lado sin que él nunca pudiese tener posibilidad de que ella compartiese sus sentimientos. Se había hecho ya a la idea de perderla y se daba por vencido, veía que finalmente se iría.

- No sé si no valgo lo suficiente, si no tengo encanto y cualidades para no ganarme un mínimo de su atención. Otros lo harán mejor que yo y otro estará junto a ella. -Pensaba Pedro-.

Con lo que no contaba él, es que el corazón de las mujeres no obedece a unas leyes y condicionamientos fijos, sino que para y arranca, frena y acelera, va de aquí a allí. Y así, cuando recibió una llamada, mientras el estaba mirando como llovía por la ventana y el teléfono sonaba en su escritorio, no tuvo mucha prisa en contestarla.

- ¿Será Juan?, bien, voy a ver.

Y al ver, al ver la pantalla encendida, vio un nombre que lo puso en tensión. ¡Era María! Su corazón palpitaba deprisa, parecía salirse de su lugar, se puso profundamente nervioso y empezó a sudar. Se sentó para no caer, pues se sentía desvanecer.

- ¿Qué querrá? -se preguntó-.

Vio que había dejado un mensaje. Tenía miedo de abrirlo, de ver que quería decirle.

- ¿Estará molesta?, ¿me querrá recriminar por algo?

Pedro tardó un largo rato en decidirse a abrir el mensaje, por fin, cuando reunió fuerzas suficientes decidió dar el paso. Ahora sí que su corazón estaba fuera de sí, tan fuera de sí que no tenía ningún control sobre él.
Pulsó el botón del mensaje:

- Hola Pedro. Te pido perdón por no haber sido lo suficientemente valiente y no haberte llamado, pero no me vi capaz de expresar lo que quería decirte. Sé que no he sido la mujer más honesta y clara contigo, que he dedicado mi atención a otras personas, que parecía que tú no me importabas nada. Pero, esto no es así...
¡Me importas!, me importas más de lo que piensas y de lo que yo misma creía.
Al escribirte esto no puedo ocultar que lo hago con lágrimas en los ojos. No pensé que pudiese pasarme eso a mí, pero tengo que ser sincera y no dejarme llevar por la cobardía.
Sin que tú lo supieses yo muchos días te miraba, te contemplaba y suspiraba por ti. Sin embargo, lo ocultaba, fingía no prestarte atención o que me importases. Eso ya ha acabado, y mi corazón me está diciendo con fuerza que tengo que decírtelo, que no puede pasar más tiempo sin que lo sepas.
¡Te quiero Pedro!, y quiero estar contigo, junto a ti, a tu lado.
Sé que me puedo sentir rechazada, que no me aceptes por despecho, porque yo no te trate bien, como merecías. Pero estoy dispuesta a asumir el riesgo, a que me rechaces, a quedarme abandonada y sola.
Es lo que quería decirte, he sido sincera contigo y conmigo. Te quiero Pedro.
Ya me dirás... Estoy esperando tu llamada.
Un beso

María

Pedro, tras leer el mensaje, no sale de su aturdimiento. Se siente mareado, no cree lo que está ocurriendo, lo que acaba de leer. Cree sentirse en una pesadilla. Va al baño a lavarse la cara, a despejarse, a despertarse. Se mira fijamente al espejo.

- ¿Es posible que esto esté ocurriendo? -se pregunta incrédulo Pedro-.

Pedro vuelve a su escritorio a leer de nuevo el mensaje, a comprobar si ha tenido algún sueño, alguna alucinación. Lo comprueba de nuevo y otras dos veces más. ¡Es cierto, es real!

- ¡Madre mía! -dice Pedro con una enorme sonrisa-

Si antes había perdido por completo la ilusión y la alegría, ahora estaba rebosante de ellas. Sonríe de oreja a oreja, sus ojos chispean y su corazón ya late de una alegría no contenida.

- Tengo que llamarla. Esto no va a ser nada fácil, pero allá voy, ya no me paro.

Pedro pulsa el icono de María en la pantalla, suena  la llamada...

- Hola María..., soy Pedro...

- ¡Hola Pedro!

- No sé que decir. -Pedro rompe en llanto-

- No digas nada, amor. Voy ahora a verte.

Pedro ya no puede hablar, ha finalizado la llamada, llora, llora de alegría, mientras espera a María.


viernes, 21 de marzo de 2014

Las barreras





¿Qué barreras se le pueden poner al amor?

¿Qué barreras en tan extenso campo y a tan hábil cazador?
¿Qué freno a tan impetuosa fuerza y a tan inesperada aparición?
Luego, ¿qué sentido tiene ir contra los propios sentidos y el sentimiento que emana de ellos?
Tarea vana y, a menudo, tiempo perdido.
Pues el amor, pese a su fama, no es enemigo completo de la razón.
No cerremos demasiadas puertas pesadas con innumerables candados en torno al amor.
Ya que, lo que pueda hacer el amor, se atreverá a intentarlo el amor. 1


1. W. Shakespeare. Romeo y Julieta.

sábado, 15 de marzo de 2014

La espera



Son las cuatro de la tarde y todavía no ha sonado el teléfono,  esperamos que lo hará.
 Vivimos en la impaciencia y con la ilusión porque la persona querida haga sonar ese sonido que nos hará vibrar.
Cómo describir estos momentos, cómo no recordarlos, pues marcaron y marcan aquello que dio y da sentido a tantos de nuestros días.
En lo relativo al amor apenas se miran los sacrificios, apenas los costes, pues se hacen con abundante generosidad.
Y ya, cuando por fin suena, cuando por fin vemos su imagen en la pantalla, entonces todo el tiempo se concentra en un instante y parece desaparecer.
- Hola...
Las palabras expresan sentimientos difícilmente expresables, imposibles de valorar y menos de cuantificar.
Palabras y sentimientos tras ese bendito acto de esperar.