viernes, 3 de julio de 2015

Cuando alguien se va



Cuando alguien se va  y deja de existir queda un vacío. Sus días pasaron aunque en la memoria de los que siguen perdure su ser.
Qué corta y cuantas veces vana es la vida de las personas. Qué corta para lo que se pudo hacer y no se hizo, o no se dejó hacer. 
Pocas son las personas que dejan un legado de creación, respeto y concordia.
Pocas aquellas que no se dejan arrastrar por la turbia y loca marea de la vanidad, el egoísmo, la intolerancia, la crueldad y la superficialidad humanas.
Ahora, en esta tarde de sol calmada, cuando ya el sol se pone, cuando oigo a la perdiz al fondo entonar el canto de continuación de la vida, cuando la vida muestra lo mejor de sí, entonces se hace memoria de estas personas y se les añora.
El mejor legado que podemos darles es continuar la construcción de lo que ellos y ellas ya iniciaron, dedicar una vida a la creación y al respeto y no a la dejadez y a la destrucción.
Como en la ópera  O sole mio, "que bella cosa un día de sol" con "el aire sereno después de una tormenta".

miércoles, 20 de mayo de 2015

En la despedida de mi tía Juani

Mi tía  Juani en la escuela de Zuazu y Reta con sus alumnos, mediados-finales de los años 60. Una auténtica escuela rural.

Hoy estamos aquí en esta despedida de nuestra tía Juana Ituláin Redín,* maestra de generaciones y generaciones de alumnos, maestra verdaderamente vocacional, algo esto, lo de su vocación,  que es recordado especialmente por sus numerosos alumnos, lo que muestra su verdadero valor. El valor tan poco valorado como importante que representan los maestros de escuela en la sociedad.

La vocación de mi tía iba más allá de cumplir con el calendario y programa asignados, iba más allá de horarios y requisitos mínimos. Su preocupación por enseñar, por enseñar realmente, hacía que su alumnado se entregase así mismo en esta tarea.

Además de este talento y talante de mi tía, destacaría su faceta humana. Ya que ella no permitía que ningún niño quedase discriminado, abandonado u olvidado. Ella lo integraba y hacía que  los demás lo integrasen en el grupo. Y una vez acabado el tiempo de clase, ella se quedaba el tiempo que fuese necesario con aquel o aquellos niños que tenían este o aquel problema y con verdadero cariño lograba que aquellos se motivasen verdaderamente al recibir la atención y el aprecio que realmente necesitaban. Pues un niño en la escuela no solo necesita conocimientos, sino que especialmente necesita también cariño y afecto, y nuestra tía Juani se lo daba.


Así, te queremos dar las gracias, gracias, gracias por todo.


* Con motivo del funeral celebrado en Pamplona el 20 de mayo de 2015 por mi tía Juana Ituláin Redín (1923-2015). 

jueves, 25 de diciembre de 2014

El amor en otros tiempos.

Mujeres paseando por la Gran Vía de Madrid

Iliá Ehrenburg, ese extraordinario escritor, nos hace un retrato de las relaciones amorosas a comienzos del siglo XX en las capitales españolas. Nos habla de sus costumbres y modos, y de cómo se las apaña cada cual para encontrar su pareja. Y en esto del amor poco han cambiado en el fondo las cosas, prácticamente todo el mundo busca aprovechar sus oportunidades.
 Las muchachas tienen que lanzar miradas incendiarias a los transeúntes para pescar novio. Sólo están libres de este deber las niñas hasta los doce años y las ancianas. 
Claro que bajo estrictas restricciones. Hoy, y en toda sociedad, también las hay, más o menos rigurosas, más o menos permisivas.
Una señorita que se estime en algo no puede pasearse sola. Se pasea con su madre, a veces con amigas, a veces con la cocinera. España es el único país donde existe el oficio de dama de compañía de señoritas jóvenes. En el lenguaje humorístico, se las llama “carabinas”. Estas “carabinas” defienden la virginidad de las jóvenes de la burguesía. Y las señoritas no tienen más remedio que pasear, pues de lo contrario no pescarían nunca novio.
El proceder es metódico, siguiendo reglas de tiempo y espacio.
En todas las ciudades de España, de siete a nueve, la gente invade el paseo. Acompañadas por sus mamás, o sin mamás, pero en piquetes de tres o cuatro, las muchachas pasean. 
Para quien no está habituado a las costumbres del país tal comportamiento puede suscitar dudas  y confusiones, e incluso derivar en un desafortunado encuentro.
 Echan miradas lánguidas y apasionadas a los hombres con quienes se cruzan. El extranjero, viéndolas mirar de ese modo, podría tomarlas por profesionales: tantas pesetas y un hotelito en la esquina. Pero, si se atreviera a abordarlas, volverían la cabeza indignadas y la madre escupiría un sonoro: “¡Sinvergüenza!”. 
Respecto al amor, un impulso básico del ser humano empujado por el instinto de supervivencia, prácticamente nadie se libra. Las pasiones pueden ocultarse, pero no eliminarse. Porque la vida, impetuosa, busca y se abre sus caminos, aunque se le marquen reglas a seguir y cumplir, que no siempre se seguirán y se cumplirán.
Los jóvenes miran a las vírgenes y languidecen. Les entra a la vez frío y calor. La mujer española sabe querer, pero en España esta palabra tiene un doble sentido. “Querer” es amar y, al mismo tiempo, es desear. Y ellas están deseando, pero no les queda más que un camino de colmar su deseo: casarse.

Notas: 
Iliá Ehrenburg. España, república de los trabajadores. Capítulo XX. "Querer" y " esperar".1932.

lunes, 13 de octubre de 2014

Cuando existe algo más que egoísmo e intereses



En nuestras vidas, marcadas en demasía por el sentimiento y el deseo de poseer, de tener, sin precisamente tener apenas en cuenta siquiera si lo que se quiere poseer o tener, tiene alguna verdadera necesidad, no somos muchas veces capaces de sustraernos, de eludir, lo que como una fuerza de una marea loca nos hace hacer lo que el medio que nos rodea nos impone y no lo que nuestro sentimiento íntimo y personal quisiera realmente hacer.
Del mismo modo, tenemos relacionado con los anteriores deseos, los deseos expresados de tener y poseer, el de aparentar. Aparentar por esto que se posee, haciendo del tener y no del ser un modo de vivir. Así, incluso las relaciones entre las personas se miran más por interés, intereses, que por verdaderos sentimientos, sentimientos de amor, apoyo, respeto y entrega, entrega compartida. Pues, ¿quién estaría dispuesto a compartir su vida con una persona sabiendo que tiene que sacrificarse y dedicarse a su cuidado?, ¿quién no abandonaría a alguien así fingiendo cualquier otra útil y fácil excusa?, ¿quién no diría, "bueno, yo me voy a vivir mi vida"?
Sabemos que muchos, de palabra, dirán que no, que ellos o ellas siempre estarían ahí, en lo bueno y en lo malo, como se suele decir. Sabemos, también, que es fácil hablar y que un poco más difícil es poner en práctica lo que se habla. La práctica y la teoría son mundos lejanos en el comportamiento humano.
Sin embargo, de la misma forma, aunque desde luego no en igual cuantía,  que vemos actos egoístas, crueles, venales y muy reprobables, también vemos hechos, hechos reales, que son precisamente lo contrario: fraternales, solidarios, encomiables. Benditos actos estos que hacen de algunos de nosotros verdaderos seres humanos.
Recientemente conocía la historia de una persona y su final trágico junto a su pareja. Trágico pero con un bello final. Estoy hablando de Tod Fletcher, un estadounidense defensor del medioambiente y también una persona con carácter crítico, que, por ejemplo, desde el comienzo no pudo creer la increíble versión oficial de los sucesos del 11 S en su país. Y  todo esto eclipsado por su enorme fondo humano. Su historia se cruzó con la de la mujer que luego fue su esposa, Susan Elizabeth, una profesora de literatura inglesa. Su mujer sufría de una dolorosa y grave enfermedad, conocida como hipersensibilidad al medioambiente, enfermedad que se agravó con el tiempo y que pese a ello mantuvo a Tod Fletcher más próximo todavía a ella. Finalmente, la situación de dolor  insufrible e inviabilidad de la situación de Elizabeth condujo a un final doloroso pero lleno de amor. Lo describe uno de sus grandes amigos, David Ray Griffin, analista político y profesor de filosofía de la religión y de teología, al que envió una carta de despedida.
La actuación final de Tod fue tan altruista como el resto de su vida. Después de 28 años de sufrimiento, la hipersensibilidad de Susan había llegado a un grado intolerable, pues se ponía enferma por cualquier cosa en el medioambiente, incluyendo su propia ropa. Estando en agonía todo el tiempo, Susan necesitaba ayuda para acabar su vida, y Tod no quiso vivir sin ella.
Con una elegante simplicidad él escribió a otros dos amigos y a mí por correo ordinario, diciéndonos que para cuando recibiésemos las cartas, él y Susan estarían en un mejor lugar.  Después, el 30 de septiembre, llevó a Susan a la costa del parque nacional de Point Reyes [California], de donde ellos se fueron juntos.
Echaré terriblemente de menos a Tod -como ayudante, colega y amigo-. Él fue uno de los mejores seres humanos que he sido bendecido de conocer. 1
Es cierto que el mundo es como son los seres humanos, pocas veces ejemplares, como el mundo que crean. Pero, a veces, no tantas como quisiéramos, hay personas y hechos que hacen estas personas que están fuera de lo común, que emergen de lo banal y de lo venal, de lo mucho de malo y poco de bueno de casi todos nosotros. 
Descansen en paz Tod y Elizabeth. Una bellísima historia de amor.

Notas:
1, David Ray Griffin. In Memory of 9/11 Activist Tod Fletcher: A Life of Service (1952-2014). Global Research. 8.10.2014.




martes, 24 de junio de 2014

Los sentimientos ocultos




A menudo nos dejamos arrastrar por la corriente de la opinión favorable del ambiente que nos rodea: amigos, familia, allegados, vecinos, compañeros e intereses en el trabajo... En fin, un largo etcétera de condicionantes y de presiones que suman y dirigen nuestro comportamiento normalmente hacia una determinada dirección. 
Nos cuesta el reconocerlo, pero nuestras decisiones y actitudes están demasiado marcadas por estos condicionantes, haciendo muchas veces que las decisiones tomadas por nosotros sean más los sentimientos y deseos de otros que los de nosotros mismos. Pocas personas verán que reconozcan esta realidad social, ellos les dirán que no, que ellos toman siempre sus decisiones porque así lo quisieron y les dio la gana. Todos sabemos que esto no es normalmente cierto, pero no vamos a discutir por ello. Es muchas veces mejor atender a los hechos que a lo que las personas quieren decir sobre ellos.
Sin embargo, hay veces, aunque sean pocas, en que sí nos ponemos serios en este tema, sí defendemos y mantenemos nuestra postura y decisión frente al entorno y presión social.
¿Quién no ha sentido algo especial por una persona si no prohibida, no recomendada por nuestro entorno? La madre separada con hijos y bastante mayor que nosotros, nuestra jefa en el trabajo, la estudiante que viene a nuestras clases, la novia de aquel amigo, nuestra cliente en el trabajo...
Sí, hablo de algo especial, no de algo pasajero y caprichoso, hablo de cuando brota el amor, cuando pensamos día sí y día también en esa persona, cuando la miramos y altera nuestro estado, cuando al cruzar las miradas comienza la complicidad furtiva.
¿Y qué ocurre? 
Lo que paredes silenciosas de habitaciones ocultas no cuentan, lo que árboles de bellos bosques guardan para sí, lo que los rayos del sol y la arena del mar iluminaron y acariciaron y nunca se atrevieron a mostrar.

martes, 29 de abril de 2014

Los tiempos del amor

¿Mejoran los hombres con el tiempo o no?

¿Cómo saber los tiempos del amor?
¿Cómo controlar sus tiempos?
¿Cómo saber si es el momento o si es demasiado temprano o ya demasiado tarde?
Los tiempos del amor los enseña el mismo tiempo, que aprende de la observación de la experiencia, de los pocos aciertos y de los muchos desaciertos.
Cuando uno ya tiene años tiene el conocimiento y la serenidad para actuar en los tiempos del amor, pero los tiempos del amor a esa edad son más escasos, se pasó en buena medida el tiempo.
Cuando uno es joven tiene la ilusión y belleza que empujan al amor, pero carece de la experiencia que sabe dirigir y encauzar al amor.
¿Contradicción o realidad de la vida?
Cuando se es joven se tiene ímpetu, pero falta la sabiduría.
Cuando se es mayor se alcanza la sabiduría, pero falta la ilusión de la juventud.
El amor, como la misma vida, tiene sus tiempos, entendámoslos, aunque muchas veces no sean fáciles de entender y menos de aceptar.
Y como en todo, hay variabilidad, hay diferencias, las hay en los tiempos del amor para los hombres y las mujeres. 
Las mujeres, más precoces, también comienzan antes a perder su atractivo, por contra, los hombres, normalmente tienden a ganarlo.

domingo, 20 de abril de 2014

Si el amor me elude, ¿le debo eludir a él?



Pues como él, el amor, me eludía, yo también, del mismo modo, hice lo propio, eludirle a él.
Si antes las cosas estaban bastante mal, no fueron a mejor, sino que fueron todavía a peor.
Es fácil deslizarse por la pendiente abajo de la desesperanza, la dejadez y de incluso la cobardía. Una vez tocado fondo, aunque uno nunca sabe si eso es el fondo del todo, es cómodo asentarse en este reino del lodo y de la desazón, pues aparentemente es más sencillo hacerlo mal que hacerlo bien y no poner remedio a ello, aunque esto último no sea del todo cierto.
Si cerramos nuestras ventanas a la radiante y hermosa luz del sol y nos creamos una noche artificial, tan innecesaria como inoportuna, pues el día y la noche tienen sus tiempos, tiempos que debemos respetar y no forzar, habremos comenzado a dejar de vivir y eso es ciertamente lo peor que podemos llegar a conseguir.
No seamos, como se expresa en Romeo y Julieta, secretarios de nuestros sentimientos.
 Tan apartados de sondeo y descubrimiento, tan reservados y cerrados para con nosotros mismos.

Tan apartados de sondeo y descubrimiento como el capullo mordido por un envidioso gusano, antes que pueda extender al aire sus dulces hojas, o consagrar su belleza al sol.

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