martes, 4 de julio de 2017

Un mundo de buenas personas, tan poco valoradas


Estamos rodeados de un ambiente social donde impera la codicia, la envidia, las trampas, la abundante hipocresía y la no menos numerosa mendacidad. Tal circunstancia no piensen que es exclusiva de nuestra época ni de nuestra geografía. Es una característica humana.
Sin embargo, aunque esto sea generalmente cierto, también es verdad que en esta jungla de nuestra especie existen seres con notoria y destacada bondad y sensibilidad. No obstante,  y pese a que tales cualidades son ensalzadas a nivel teórico, más por quedar bien de cara a los demás,  en la práctica las personas que las atesoran y las exponen no son precisamente las más valoradas o respetadas. Conozco personas que su vida de forma muy ejemplar siguieron, pero cuando murieron en el olvido cayeron, como en el olvido, en la indiferencia o en el desprecio vivieron.
No es un mundo grato y justo en el que permanecemos y perecemos.
Ser buena persona, no garantiza ningún éxito. Para algunos ser honesto no compensa. Puede que de cara a los demás no, pero de cara a ti, que en el fondo y finalmente es lo que importa, claro que lo compensa.
Para evitar estos ensañamientos, males que derivan de la animosidad y de la debilidad, conviene estar prevenido y preparado para todo. Así no ocurrirá.
Recordemos, como dice el dicho, esperar que la vida te trate bien por ser buena persona, es como esperar que un tigre no te ataque por no hacerle mal alguno.

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